El amor ha sido descrito, desde los primeros tiempos, por filósofos, novelistas y trovadores; como un sentimiento supremo, inigualable, capaz de dar y quitar vidas; recordemos nada más la famosa obra de Shakespeare, Romeo y Julieta.
Con el pasar de los años también han intentado definirlo investigadores y científicos; muchos de los cuales lo reducen a una simple reacción química.
Cada uno de ellos, ha intentado una enunciación precisa, universal y certera; lo cual, vale decir, nunca se ha logrado.
Para alguien que nunca ha experimentado el amor, difícil es explicarlo; aunque todos y cada uno de nosotros, salvo excepciones, hemos recibido y dado amor. Amor de madre o de padre, amor de hermanos, amor de amigos, amor de pareja… Todos estos tipos de amor, aunque distintos en cierto sentido, refieren al mismo sentimiento; pero a pesar de la universalidad del mismo, lejos estamos de poder decir qué es; y más aún cuando para unos y otros no designa lo mismo.
¿Quién podría pronunciar con certeza que lo que siente es amor, y que ese amor que siente es lo que debería definirse como tal? No debemos perder de vista que existen maneras de afirmar este sentimiento que conducen a la felicidad; y otras que sólo traen pena y sufrimiento.
En lo poco que estamos de acuerdo es que el respeto por el otro, la consideración hacia su libertad individual, y el deseo de su bienestar a pesar de mis propios intereses; son las principales cualidades que se identifican al tratar de definir el amor.