Hasta hace algunos años atrás, la preocupación por el niño antes de nacer, sólo se limitaba a lo biológico. Se suponía que el bebé no registraba el mundo exterior, sino que vivía aislado y protegido de éste. Con el tiempo, y luego de muchas investigaciones sistemáticas, ser pudo comprobar que el bebé registra no sólo olores, sabores y sonidos; sino también estados de ánimo de su madre. Estos registros, aunque pueden definirse como precarios, influyen en la psiquis del neonato, y producen infinidad de alteraciones.
Si bien aún no está claro hasta qué punto las influencias externas pueden ser causantes de problemas en el desarrollo, o bien ser aceleradoras y promotoras del mismo; si está claro que nuestro bebé no se encuentra recluido en esa especie de estado idílico y placentero que se suponía.
Estos nuevos descubrimientos han desencadenado el surgimiento de nuevas prácticas; como lo es la comunicación pre-natal. En todas ellas, el énfasis está puesto en la potencialización del desarrollo saludable del niño antes de nacer.