Adriana Puiggros, en La educación hacia qué futuro mira, denomina a la “no” actual crisis en la escuela como crisis orgánica; e identifica algunos síntomas de ésta:
- Las dificultades crecientes para la enseñanza-aprendizaje de la lecto-escritura
- La extrañeza de los estudiantes respecto a los libros de texto.
- La brecha existente entre el lenguaje “tradicional” y los nuevos lenguajes que los estudiantes usan (como por ejemplo: abreviaciones, lunfardos, etc).
- La ignorancia respecto a la historia (y la cultura universal, podríamos agregar).
- La invalidez de muchos títulos y capacitaciones para el desempeño e inclusión laboral.
- La discontinuidad entre los niveles primario, secundario y superiores.
Sin embargo, pese a esta crisis orgánica, no podemos dejar de señalar que, tal como lo afirma Daniel Filmus, la escuela continúa siendo el único espacio capaz de brindar conocimientos sistemáticos y organizados.
Superar la crisis de la escuela, implicará, entre otras cosas, un cambio radical en la forma de ver “lo externo a la escuela”; ya no como amenazador, sino como posibilitador. Sin ir más lejos, cabría considerar si algunos programas televisivos (incluyendo los tan en boga reality shows), textos electrónicos o software; no son más apropiados a la hora de impartir algunos conocimientos, técnicas o métodos, o aleccionar sobre la capacidad crítica.