El embarazo adolescente es un hecho que, aunque cada vez más frecuente, implica un quiebre en el desarrollo previo del adolescente. Convertirse en padre o madre durante este período, suele ser una experiencia difícil y desestructurante. En la mayoría de los casos, los jóvenes no cuentan con la madurez psicológica necesaria para hacer frente a los cambios que se avecinan. Además, estos embarazos, por lo general, no son planificados; lo que agrega un componente de inquietud y revuelta familiar y personal. Este panorama puede empeorar si sumamos otros predictores negativos; como por ejemplo, que el adolescente abandone sus estudios, tenga más hijos pronto, y/o no reciba el apoyo de su pareja o familia.
Por otro lado, de acuerdo a estudios realizados, los padres adolescentes suelen ser menos sensibles a las necesidades de los niños, tienden a utilizar un tipo de disciplina más coercitiva, y mantienen escasas y pobres interacciones con éstos.
En conclusión, una situación de embarazo adolescente necesitará de grandes esfuerzos, personales y familiares, tendientes a buscar un reequilibrio beneficiosos, tanto para los padres como para los niños.