Bajo el nombre de envidia suelen reunirse una variedad de sentimientos que terminan por confundirnos. La envidia es, simplemente, el deseo de poseer lo que el otro tiene. Cuestión aparte es, si el deseo incluye la pretensión de que el otro deje de tener eso que yo quiero; o si, por el contrario, mi deseo me sirve como impulso a conseguir lo que me falta.
Mientras que a esto último suele denominárselo envidia sana, es decir, aquella que me sirve como motivación para lograr objetivos; al primero se lo denomina envidia destructiva o voracidad (en la terminología psicoanalítica).
La voracidad, o envidia destructiva, se presenta en personas con un fuerte sentimiento de incapacidad e inferioridad, y baja autoestima. Éstas, no se creen lo suficientemente capaces de alcanzar aquello que anhelan; por lo que a su anhelo se suma el deseo que el otro tampoco posea lo que a ellos les falta; si el otro lo posee, será prueba suficiente y evidente de la propia incapacidad.