El término inteligencia social, fue acuñado por Daniel Goleman para ilustrar el hecho de que tanto emocional como “cerebralmente”, estamos diseñados para vincularnos con los demás.
En su libro Social Intelligence, el autor relata una breve historia que demuestra el uso de la inteligencia social. Durante la segunda invasión a Irak, un grupo de soldados y su oficial a mando, se dirigían hacia una mezquita para solicitar abastecimiento a las tropas al Imán. La multitud, temerosa de que los soldados arrestasen al Imán o destruyesen la mezquita, se congregó con el ánimo de apalear a los soldados. El oficial a mando, analizando la grave situación, tomó el megáfono y exclamó: ¡rodillas en tierra! ¡Fusiles apuntando el suelo! (y por último) ¡Sonrían!. La muchedumbre se calmó y se evitó, de esta manera, una masacre.
Esta actitud “inteligente” por parte del oficial, involucró, de acuerdo a palabras del autor, la lectura del nivel de agresividad de los aldeanos, la estimación del nivel de obediencia y valor de sus soldados, y la habilidad de encontrar una manera de comunicarse más allá de las palabras.
La inteligencia social tiene que ver con la capacidad de conectarse con los demás, comprenderlos, y modificar sus acciones; noción similar a la desarrollada por Howard Gardner sobre inteligencia interpersonal.