La mayoría de las personas asociamos que la paternidad y la felicidad, salvo excepciones, van de mano; pero en 1988 Lewis realizó una investigación que arrojó datos inesperados. Estudió parejas durante su embarazo y el primer año de vida de los niños, y llegó a los siguientes resultados:
- Un 58% de las parejas mostraban los mismos niveles de satisfacción general, antes y después de ser padres.
- Un 36,8% sufrieron un deterioro, en dicho nivel de satisfacción, luego de convertirse en padres.
- Sólo un 5,2% indicó un incremento en el nivel, como consecuencia de la paternidad.
Es importante destacar que el estudio no se continuó los años subsiguientes; lo cual podrían haber modificado las apreciaciones de dichas parejas. Convertirse en padres trae consigo grandes modificaciones; sobretodo si se trata del nacimiento del primer hijo. Los conflictos que aparecen en dicho momento producen desequilibrios, e instan a realizar adaptaciones que suelen ser sentidas de manera angustiante. Al parecer, la paternidad y la felicidad se asocian o no, de acuerdo a las características propias de cada pareja.