Aurora Pérez sostiene que a las cambiantes necesidades de los niños, las funciones paternas deben ir adaptándose correlativamente.
Con el nacimiento del bebé, los padres se inician en la maternidad y la paternidad. En este momento una de las tareas principales es adecuarse al nuevo miembro de la familia, y otorgarle un lugar.
De los 2 a los 5 años del niño, la función de los padres será la de aceptar la independencia creciente de su hijo; y el sentimiento de pérdida y separación que esto conlleva.
De los 6 a los 10 años, los cambios evolutivos del niño no son tan vertiginosos como en la etapa anterior; por lo que los padres se sienten más seguros y afianzados en sus roles. La función de los padres es otorgar apoyo, sobretodo en la apertura del niño al mudo exterior; principalmente la escuela y los amigos.
De los 11 a los 14 años, los niños elaboran su identidad sexual; por lo que surge incertidumbre y temor en los padres. Su función será entonces mantener contacto físico y emocional con el ahora púber, a la vez de otorgarle espacio para su intimidad.
Las necesidades de los niños y las funciones paternas, deben ir de la mano de la flexibilidad y la capacidad de cambio y adaptación de los padres. De esto depende el bienestar del niño, así como su desarrollo saludable.