La mayoría de los autores que tratan sobre las relaciones entre padres e hijos, han descrito a los padres permisivos como un estilo de paternidad y maternidad. Este estilo, junto al de los padres autoritarios y los padres democráticos, refiere a las diferentes maneras en que se educa a los niños.
Cada estilo modela el temperamento del niño, e influye de manera positiva o negativa en la personalidad que éste adquiera.
La permisividad es definida como una tolerancia excesiva hacia las demás personas, sean estos niños o adultos. En el caso de los padres permisivos, éstos por lo general, dejan que los niños se expresen libremente, estableciéndoles muy pocas reglas o límites; para ellos, los niños pueden autorregular su conducta sin la necesidad de autoridad externa. En este estilo de paternidad, los padres son transigentes con conductas que otros padres reprobarían o castigarían. Las pocas normas que establecen son consultadas con los niños, a quienes les otorgan mucha libertad en la toma de decisiones, tanto individuales como familiares, sin que éstos a veces tengan la madurez suficiente como para hacerlo. Afectivamente, son más cariñosos que los padres autoritarios; y a diferencia de éstos, no poseen estándares de comportamientos aceptables o deseados.
Los padres permisivos, otorgan tanta libertad a sus hijos, que éstos tienden a ser más inmaduros que los demás, y menos curiosos e inquietos que el resto.