Responder a la pregunta: ¿Quién soy?, remite obligadamente a dilucidar otra cuestión: la personalidad. Todo cuanto pensamos, decimos o hacemos, y la forma en que nos relacionamos con los demás; es un reflejo de nuestra personalidad.
Nacemos con una forma rudimentaria y heredada de ser; a la cual se le denomina temperamento. Con el tiempo, las experiencias de vida, los aprendizajes, y la influencia de los demás (lo adquirido); moldeamos, cambiamos y expandimos esa forma; dando por resultado nuestro carácter. Ambos, temperamento y carácter, constituyen nuestra personalidad; una totalidad organizada, que se expresará mediante nuestras conductas. Ellas son la parte visible, manifiesta; y también manipulable, y posible de modificar.
Lo que somos “hoy”, es la resultante constante de una multiplicidad de factores (heredados y adquiridos) que se influyen unos a otros, y se organizan de una determinada manera. Nuestra personalidad es una estructura dinámica, esto quiere decir que cambia constantemente, en el día a día, con cada nueva vivencia, con cada nuevo aprendizaje.
La capacidad de adaptarnos a los cambios, al medio en que vivimos, a las circunstancias y a los demás; y modificar lo que somos; habla del mayor o menos grado de flexibilidad que poseemos. A mayor flexibilidad mayor salud; y a la inversa, a menor flexibilidad menor salud. Modificar nuestras conductas y ampliar la forma de responder ante la vida, es la actitud que necesitamos para vivir plenamente.
Para saber quién soy, debo poder mirar hacia adentro, hacia atrás, hacia mi presente; y por qué no, hacia mi futuro.
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