Niños y adultos sufren, y se avergüenzan, a causa de estos actos repetitivos. Pierre Weil define el tic como un ademán repentino y consciente, pero involuntario. Actos como: guiñar los ojos, fruncir la nariz, toser, levantar los hombros, son algunos de los tics más comunes.
De acuerdo a este autor, los tics pueden haber sido útiles en su origen; como por ejemplo, cerrar los ojos a causa de irritaciones; pero pasado el tiempo de utilidad siguieron conservándose por costumbre. Desarraigar un hábito como éste no es cosa sencilla; además, en muchos casos, la simple reeducación solo logra hacer desaparecer uno para dar lugar a otro.
A excepción de casos particulares, los tics no obedecen a problemáticas de índole orgánica; sino de índole familiar, educativa (en el caso de niños) y/o personal; por lo tanto, la mejor forma de abordarlos y darles una solución, es consultar un especialista que evalué la situación y brinde la terapéutica adecuada.