La timidez es un rasgo de carácter que se asocia a complejos de inferioridad. En algunas ocasiones se la considera propia del temperamento de una persona; y en otras, producto del carácter.
Tanto en niños como en adultos, la timidez dificulta el desenvolvimiento en sociedad, así como el establecimiento de vínculos saludables.
De acuerdo a Pierre Weil, algunos niños desarrollan timidez, desde muy temprana edad, a consecuencia de las burlas o desalientos de padres y hermanos. Frases como “no haces nada bien”, “eres torpe”, etc.; socavan la seguridad del niño y propician sentimientos de inseguridad personal.
Otro caso lo constituyen aquellos niños o adultos que son víctimas de violencia y castigos severos; o aquellos, caso contrario, que son sobreprotegidos, y por tanto invalidados a desarrollar sus propias capacidades.
Weil propone estimular a los niños que padecen de timidez, otorgándoles responsabilidades cada vez más crecientes; con la finalidad de facilitar logros y reforzar la seguridad en sí mismos.